
El objetivo de esta publicación es presentar nuestras conclusiones colectivas sobre la situación de la libertad de prensa en los países analizados: Marruecos, Turquía, Francia, Venezuela, Irán y Argentina.
El primer punto de análisis es que en todos los países hay un reconocimiento constitucional de la libertad de expresión. Por lo tanto, esta última está oficialmente garantizada por todas las constituciones de los países estudiados, que buscan así afirmar una posición favorable a la libertad de expresión. Sin embargo, la diferencia real se produce a nivel de la situación política, ya que los regímenes son, en realidad, garantes de la libertad de expresión dentro del Estado que representan.
Así, el factor político se erige como el principal elemento característico de un régimen político, no solo porque caracteriza el conjunto de la política, sino sobre todo porque las medidas adoptadas por un régimen definen el carácter de la libertad de expresión y todos los factores que hemos estudiado y que se derivan de ella. Por esta razón, todos los demás factores, como el contexto legislativo o de seguridad, no son más que consecuencias del sistema político.
Por otra parte, los regímenes tienden a reproducir su modelo de liberalización de los espacios digitales bajo su control. Así, los modelos liberales o represivos empleados en el mundo real se encuentran también en los espacios virtuales. Esta similitud se da incluso en el grado de represión o liberalización permitido por los Estados. Estas connivencias tienen incluso una relación directa con la política que aplican los Estados, ya que la represión digital y la física están correlacionadas y, por lo tanto, se influyen mutuamente, especialmente en lo que se refiere a la persecución de opositores concretos.
Al comparar los seis países, podemos identificar diferentes tipos de censura y control, con distintos grados de intensidad. En democracias bajo tensión, como Francia y Argentina, el entorno digital se considera libre, pero la prensa se enfrenta a presiones estructurales cada vez mayores. En Argentina, este clima de intimidación fomenta la autocensura. En Francia, se observa una creciente voluntad de obstrucción por parte de las fuerzas del orden contra los periodistas que cubren las manifestaciones, a lo que se suma una disminución de los medios. Por su parte, países como Marruecos y Turquía ejercen un autoritarismo tras una fachada legal. Turquía está concentrando las redes de medios de comunicación en manos de empresas privadas con estrechos vínculos con el poder y encarcelando regularmente a periodistas. Marruecos, por su parte, recurre a la presión económica privando a los medios independientes de anunciantes y utiliza acusaciones falsas para condenar a los periodistas. Por último, Venezuela e Irán ejercen una represión total y estructural. Venezuela tiene un modelo de «hegemonía comunicativa» respaldado por un aparato legislativo represivo, en particular con la «Ley contra el Odio». Irán basa la libertad de prensa en los «principios islámicos» y la seguridad nacional, con un marco institucional diseñado para impedir la pluralidad de la información.
Entender estas dinámicas estructurales de censura son esenciales para nuestra análisis del desarrollo de los movimientos sociales. Conocer la forma en que los Estados intentan manipular la opinión pública permite comprender el tratamiento mediático que reciben las protestas en los medios de comunicación y comprender la influencia que esto tiene en la opinión pública.