La OIM cifra en 57 los migrantes fallecidos tras el desvío de las rutas en América del Sur 

Figura 1 
Fotografía: Schneyder Mendoza (AFP) / Planeta Futuro, EL PAÍS.

Los registros oficiales de este último año muestran un incremento del 26% en la mortalidad debido al tránsito por pasos fronterizos no habilitados 

En América del Sur, la cifra de decesos que contabiliza la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) durante el año 2025 se sitúa en 57 fallecidos según indican los datos recopilados por su Proyecto Migrantes Desaparecidos. Este nivel de incidencias refleja un aumento frente a los 45 registros documentados en 2024, lo que supone un incremento interanual del 26,7 por ciento en estas estadísticas. Este crecimiento constata una tendencia al alza en la letalidad de los movimientos intrarregionales del continente. El análisis institucional vincula directamente este repunte de la siniestralidad con la desviación de los flujos demográficos hacia rutas alternativas de alta complejidad geográfica, una decisión adoptada forzosamente por la población en tránsito con el fin de eludir las recientes restricciones administrativas y el endurecimiento de los controles fronterizos en los principales Estados de acogida de la región. El mencionado cambio de los flujos no solo implica un aumento del peligro físico, sino que altera también la predictibilidad de los movimientos migratorios tradicionales en el Cono Sur.  

Figura 2 
Comparativa interanual de mortalidad migratoria en América del Sur. Fuente: Elaboración propia a partir de datos del Proyecto Migrantes Desaparecidos (OIM).

El déficit de visados excluye a los flujos intrarregionales de los mecanismos de movilidad regular del Mercado Común del Sur (conocido como Mercosur). Ante esta barrera administrativa y la falta de canales legales accesibles, los tránsitos se derivan hacia cruces fronterizos situados fuera de los puntos de control oficiales en los que la escasa vigilancia estatal favorece la consolidación de redes de tráfico ilícito de personas. Una porción mayoritaria de esta siniestralidad se concentra en las áreas limítrofes entre Colombia y Venezuela debido tanto a la orografía del terreno como a la actividad de redes de criminalidad organizada. Por esta razón, dichos puntos se han convertido en áreas críticas de monitorización para los organismos internacionales, dada la superposición de riesgos geográficos y humanos.

Figura 3: 
Panel de visualización de datos sobre mortalidad migratoria en América del Sur durante el ejercicio 2025. Fuente: Proyecto Migrantes Desaparecidos, Organización Internacional para las Migraciones (OIM). 

El desglose técnico de las causas de mortalidad muestra como en estas trayectorias alternativas, las condiciones ambientales adversas suponen la principal causa de mortalidad. Ejemplo de ello son los 29 decesos registrados como consecuencia de la exposición extrema en desiertos y cordilleras. Los accidentes en transportes no regulados y los episodios de violencia interpersonal constituyen otras de las variables de letalidad documentadas en el informe oficial. Los analistas de la OIM advierten que estas métricas funcionan únicamente como estimaciones mínimas de la realidad migratoria, ya que las dificultades logísticas para recuperar cuerpos en áreas remotas sugieren un subregistro estadístico que oculta el impacto real de estas crisis. La inercia de esta problemática se ve reflejada en el primer cuatrimestre del presente año 2026, al reportar el sistema de control dos fallecimientos en la región hasta la fecha. 

Figura 4: 
Mapa de flujos y puntos críticos de siniestralidad en la región. Fuente: Elaboración propia con datos de la OIM (2025).

Las alteraciones en el mapa migratorio revelan también un redireccionamiento estratégico de los contingentes que parten desde países como Chile, Brasil o Ecuador hacia el norte para intentar cruzar la región del Tapón del Darién, prolongando el tiempo de exposición a rutas de carácter irregular. Esta extensión de los trayectos somete a los individuos a un contacto constante con economías ilícitas y dinámicas de extorsión financiera que limitan enormemente sus opciones de inserción laboral formal y estabilidad económica a corto plazo. Desde la perspectiva de las relaciones internacionales, la persistencia de estos corredores de mortalidad evidencia la falta de un marco regulatorio conjunto y coordinado capaz de gestionar de forma humana el impacto macroeconómico y demográfico derivado de los flujos actuales. La consolidación de estas rutas al margen de la ley supone un desafío estructural para la seguridad regional y la cooperación política entre los Estados sudamericanos involucrados. 

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