Cuando las noticias no son neutras: el framing mediático en el conflicto de Irán

¿Qué titula un periódico bengalí sobre la guerra en Irán? ¿Y uno serbio? ¿Y uno marroquí? La respuesta es que no titulan lo mismo, y esa diferencia no es accidental, es política, es cultural, tratamos sobre el poder.

La práctica número cuatro presentada por Jóvenes Revolucionarios analiza cómo cinco países (Bangladés, Brasil, Marruecos, Serbia y Turquía) cubrieron el mismo conflicto durante una semana de marzo de 2026. El marco teórico fue la teoría del framing de Robert M.Entman: la idea de que los medios no reflejan la realidad, sino que la construyen seleccionando qué destacar, a quién culpar y qué soluciones presentar como legítimas.

«La información no es un espejo. Es un mapa dibujado por alguien con intereses.»

El resultado más llamativo es que el frame dominante en toda la muestra fue el de escalada geopolítica regional (presente en el 33% de las piezas analizadas) pero cada sistema mediático lo construyó de una manera radicalmente diferente. Bangladés lo tradujo a términos económicos concretos: el precio del diésel, los fertilizantes, las remesas. Serbia lo leyó como un eco de su propia historia bajo los bombardeos de la OTAN. Turquía lo midió en barriles de petróleo y seguridad energética. Marruecos lo narró desde el sufrimiento civil y la violación del derecho internacional, mientras que Brasil lo describió sin tomar partido.

FRAME MÁS FRECUENTECASO MÁS SINGULAR
Escalada geopolítica: 33% de media globalBangladés: narrativa contrahegemónica clara
NOTICIAS ANALIZADAS
+80 piezas, en 5 países durante 7 días, de múltiples medios

Lo más revelador de todo esto no fue lo cada medio dijo, sino lo que no dijo. El frame de seguridad nuclear, que en Occidente estructura una buena parte del relato, estuvo completamente ausente en la prensa marroquí. La crisis humanitaria apenas apareció como frame principal en ninguno de los cinco países. Las voces civiles iraníes o libanesas fueron prácticamente invisibles en todos ellos. Los medios hablan de potencias, mientras por tanto, los ciudadanos quedan fuera del plano.

Otro hallazgo incómodo: la desinformación sobre el conflicto fue intensa y mayoritariamente visual. Vídeos de guerras anteriores reciclados como actuales, imágenes generadas por inteligencia artificial de ataques que nunca ocurrieron, «pruebas de vida» falsas de líderes iraníes. En Bangladés, tres plataformas independientes desmintieron 34 bulos en una semana. Ninguna contaba con certificación internacional. Ninguna recibía financiación estable. Y aun así eran el único cortafuegos entre la ciudadanía y el pánico fabricado.

Lo que más nos llevamos de esta práctica como grupo es una convicción sencilla pero difícil de sostener en el día a día: leer las noticias no es suficiente. Hay que preguntarse quién las escribe, desde dónde, con qué fuentes y qué queda fuera del encuadre. El framing no es una teoría académica abstracta: es lo que ocurre cada vez que un medio elige llamar a una acción militar, «legítima defensa» o «agresión», «mártir» o «terrorista».Esa elección no es neutra, y nunca lo fue.

En un mundo como el nuestro, donde el mismo conflicto puede ser una guerra de supervivencia en un periódico bengalí y una crisis estratégica en uno turco, la alfabetización mediática no es un lujo. Es, literalmente, la capacidad de entender en qué mundo vivimos.

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