El auge de la extrema derecha como consecuencia del fracaso de las políticas tradicionales

Fotografía – Líderes del grupo parlamentario Patriotas por Europa aplauden en el mitin de VOX durante una de sus cumbres en Madrid, febrero de 2025 (Fuente: Reuters)

Un análisis sobre cómo la desigualdad y la desafección ciudadana alimentan la instrumentalización de la incertidumbre social

1. Qué está pasando en Europa

En los últimos años, el avance de las formaciones de extrema derecha en Europa ha dejado de ser un fenómeno marginal debido a su avance acelerado en los últimos años hasta instalarse en el núcleo del panorama político del continente. Lo que durante décadas permaneció en posiciones periféricas ha ido ganando presencia tanto en las instituciones como en el debate público, hasta consolidarse como una opción electoral relevante en numerosos países.

Este crecimiento se ha visto reflejado en distintos procesos electorales recientes, en los que estas fuerzas han logrado incrementar su representación parlamentaria e incluso influir en la formación de gobiernos y en la orientación de sus agendas políticas. De esta manera, las formaciones de extrema derecha han conseguido situar en el centro del debate cuestiones como la inmigración, la seguridad, la identidad o la soberanía nacional.

En este contexto, la política europea parece confirmar que este avance no responde a un fenómeno coyuntural, sino a las consecuencias de una transformación más profunda en la dinámica del continente. A medida que estas formaciones continúan ampliando su base de apoyos, los partidos tradicionales se ven empujados a reajustar sus discursos y endurecer determinadas posiciones, lo que evidencia un cambio en las prioridades del electorado europeo y en la dinámica política general. Todo ello abre un debate sobre el futuro del proyecto europeo y sus implicaciones para la democracia y la cohesión en el continente.

2. Qué nos indica esta tendencia

Este crecimiento de la extrema derecha no se limita a un único país, sino que se observa de manera clara en distintos contextos nacionales.

En Francia, la Agrupación Nacional de Marine Le Pen se ha convertido en una de las principales fuerzas del sistema político, con un apoyo electoral creciente y una notable capacidad para condicionar el debate público. Por otro lado, en Italia, el partido Hermanos de Italia, liderado por Giorgia Meloni, ha logrado acceder al gobierno, consolidando políticas de carácter nacionalista y un mayor control sobre la inmigración.

Por otro lado, en Austria, el Partido de la Libertad ha tenido una presencia relevante en gobiernos de coalición y un apoyo electoral significativo a lo largo de los últimos años. Asimismo, en Bélgica, el avance de formaciones ultraderechistas como Vlaams Belang evidencia la expansión del fenómeno en diferentes regiones del continente. En otros casos, como Hungría, el liderazgo de Viktor Orbán y su partido Fidesz hasta las elecciones celebradas en 2026, reflejó una consolidación prolongada del poder con un modelo político que ha sido calificado como iliberal dentro del marco europeo.

Vídeo – Mapa de la extrema derecha en Europa desde 2010: países, gobiernos y su evolución (Fuente: La Vanguardia)

3. Causas

Causa 1: Crisis económica y desigualdad

Si atendemos al trasfondo económico de este fenómeno, advertimos que el auge de la extrema derecha no puede entenderse sin la creciente sensación de desigualdad que atraviesa las zonas europeas. Durante las últimas décadas, amplios sectores de las clases medias han experimentado un progresivo deterioro de sus condiciones de vida, marcado principalmente por la precarización laboral, el encarecimiento del acceso a la vivienda y una percepción de estancamiento social que cuestiona las promesas de progreso asociadas al modelo económico vigente.

No se trata únicamente de indicadores macroeconómicos, sino de una vivencia cotidiana de incertidumbre. Según diversos informes internacionales, aunque Europa ha mantenido niveles de crecimiento estables, la distribución de la riqueza se ha vuelto cada vez más desigual, generando una brecha entre quienes se benefician de la globalización y quienes perciben haber quedado al margen. Esta fractura alimenta un sentimiento de agravio que erosiona la confianza en las instituciones y en su capacidad para garantizar equidad.

En este contexto, la frustración de las clases medias adquiere una dimensión política. Cuando las expectativas de estabilidad y movilidad social se ven frustradas, aumenta la receptividad hacia discursos que prometen protección y recuperación del control. Así, el malestar económico no solo explica el descontento, sino que contribuye decisivamente a reconfigurar el comportamiento electoral en Europa.

Causa 2: Migración y seguridad

En el tablero de la política contemporánea, la inmigración se ha convertido en una pieza estratégica que algunos actores emplean con una intención estratégica. No asistimos únicamente a un fenómeno social, sino a su instrumentalización: una narrativa que, al tiempo que simplifica la complejidad humana, apela al medio como motor de la civilización.

Desde nuestro punto de vista, el miedo social no surge de manera espontánea, sino que se cultiva. Se siembra a través de discursos que vinculan la inmigración y la inseguridad, pese a que diversos estudios y análisis periodísticos han desmontado reiteradamente esa asociación simplista. De este modo, el temor se convierte en una herramienta al servicio de los intereses políticos que distorsiona la realidad y condiciona la percepción de la sociedad respecto a estos temas.

Nos corresponde, como ciudadanos, resistir a aceptar estos relatos. La inmigración, lejos de ser una amenaza homogénea, constituye un fenómeno plural que ha enriquecido históricamente a las comunidades de acogida. Sin embargo, cuando se utiliza como arma o argumento político, este debate se orienta hacia el rechazo y el odio, fracturando la convivencia en las sociedades de destino de los migrantes.

Por eso, defendemos algo más sencillo: una mejor información, desconfiar de los atajos y exigir datos que justifiquen los argumentos.

Causa 3: Desconfianza en partidos tradicionales

En este escenario de transformación política, no podemos obviar un factor decisivo: la creciente desconfianza hacia los partidos tradicionales. Si, como se ha señalado previamente, la frustración económica y el aumento de la desigualdad han erosionado las expectativas de amplios sectores sociales, esta insatisfacción se ve intensificada por la percepción de que las formaciones políticas tradicionales no han sabido, o no han querido, dar una respuesta eficaz a dichas demandas.

Durante décadas, estos partidos han sido percibidos como pilares del sistema democrático; sin embargo, esa imagen se ha visto progresivamente erosionada por sucesivos escándalos de corrupción, que lejos de constituir episodios aislados, apuntan un riesgo sistémico dentro de las democracias europeas. Así lo respalda la propia investigación académica y los datos institucionales: según el Eurobarómetro de 2024, el 68% de los ciudadanos europeos consideraba que la corrupción está extendida en su país, mientras que un 27% afirma haberse visto afectado directamente por ella en su vida cotidiana. No hablamos por tanto de casos aislados, sino de una percepción ampliamente compartida que socava la confianza institucional.

A ello se suma la sofisticación de estas prácticas en Europa Occidental, donde, lejos del soborno visible, la corrupción adopta formas más complejas y menos visibles, como la financiación política opaca o la influencia de los lobbies, dificultando su control y aumentando la sensación de opacidad.

En este contexto, la desconfianza actúa como un terreno erosionado sobre el que arraigan con facilidad discursos simplificadores, capaces de convertir la incertidumbre en una herramienta política eficaz.

4. Cómo deberían responder las instituciones para recuperar la confianza del europeo

Se ha desarrollado en base a varios puntos que el avance de la extrema derecha en Europa no responde a un fenómeno coyuntural, sino a una transformación profunda basada en causas estructurales: la desigualdad económica que ha erosionado a las clases medias, la instrumentalización política del miedo a la inmigración y la creciente desconfianza hacia unas instituciones percibidas como corruptas y desconectadas de la ciudadanía.

A partir de los factores analizados, podemos identificar algunas líneas de respuesta. Reducir la desigualdad y garantizar condiciones de vida dignas para las clases medias, abordar el debate migratorio con rigor y alejado de narrativas del miedo, y avanzar hacia una cultura política más transparente que recupere la confianza de los ciudadanos en las instituciones, son caminos que diversos análisis apuntan como necesarios para revertir este proceso.

La democracia europea no se defiende ignorando el malestar ciudadano, sino respondiéndole con soluciones reales. Si las instituciones no recuperan esa capacidad, el espacio que dejan vacío lo seguirán ocupando quienes prosperan precisamente gracias a la desconfianza.

Material de consulta complementario:

International Monetary Fund. www.imf.org/en/publications/weo/issues/2026/04/14/world-economic-outlook-april-2026?cid=ca-com-homepage-sm26-WEOEA2026001

The Objective. theobjective.com/elsubjetivo/opinion/2026-02-25/corrupcion-desconfianza-antipolitica-articulo-capo/

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