El gobierno cubano confirmó el recibimiento en La Habana de una delegación estadounidense, siendo el primer acercamiento diplomático de este calibre entre ambos países desde 2016

Cuba hizo oficial, el 20 de abril, una reunión celebrada el 10 del mismo mes en La Habana con una delegación de Estados Unidos, en lo que supone el primer contacto diplomático de este nivel desde 2016. En la reunión participaron varios secretarios adjuntos del Departamento de Estado de EE. UU. y representantes como el viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba. El encuentro, cuyo objetivo sería buscar una solución que elimine el bloqueo energético que sufre la isla, marca un posible inicio de diálogo en plena crisis energética y económica.
Alejandro García del Toro, subdirector general para asuntos de Estados Unidos del Ministerio de Relaciones Exteriores cubano, ha sido el portavoz del encuentro entre ambas naciones. El diplomático aseguró que la reunión se desarrolló “sin plazos ni ultimátum”, y subrayó que el intercambio se produjo en un clima respetuoso y profesional, negando algunas informaciones difundidas por medios estadounidenses.
Durante el encuentro, la delegación cubana estableció como principal prioridad la eliminación del bloqueo energético impuesto por Washington. Alejandro García del Toro calificó estas medidas como un “acto de coerción económica” que afecta directamente a la población, definiendo la medida como un acto “injustificado”, y reiteró la negativa por parte de La Habana a aceptar condiciones basadas en presiones externas o calendarios impuestos.
Por su parte, Estados Unidos habría planteado una serie de exigencias centradas en la liberación de presos políticos de alto perfil, así como en la implementación de reformas económicas y una mayor apertura política. Entre las propuestas también se mencionó la posible introducción de servicios de internet satelital en la isla. Fuentes estadounidenses advirtieron además, de la necesidad de avances rápidos para evitar un mayor deterioro de la situación.
El encuentro se enmarca en un contexto de fuerte deterioro económico y social en Cuba, caracterizado por apagones prolongados, escasez de recursos energéticos y un deterioro acelerado de la economía. A ello se suma una fuerte devaluación de la moneda y un incremento sostenido de la emigración en los últimos años, factores que han intensificado la presión sobre el Gobierno cubano.
Dos días después de confirmarse la reunión, el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, endureció su postura al calificar el encuentro como una “fase muy preliminar” y descartar cualquier negociación que incluya cambios en el sistema político del país. El mandatario afirmó que los asuntos internos de Cuba “no están en la mesa” y advirtió de que no habrá diálogo si no se respetan esas condiciones. Además, reconoció la gravedad de la crisis energética al señalar que la isla estuvo varios meses sin recibir combustible importado.
Las versiones sobre el contenido y el tono de la reunión difieren entre ambas partes. Mientras Cuba insiste en que no se plantearon ultimátum y que el eje central fue el impacto del bloqueo energético y su voluntad de eliminarlo, Estados Unidos sostiene que se trasladaron demandas concretas con plazos definidos. Estas discrepancias reflejan la persistente distancia entre las posiciones de ambos gobiernos, y la dificultad de llegar a una solución acorde a ambas naciones.