
En el contexto de la guerra entre Rusia y Ucrania, a lo largo de 2023 se difundió en redes sociales ucranianas un vídeo en el que supuestamente aparecía Oleksandr Syrskyi, quien entonces era Comandante de las Fuerzas Terrestres de Ucrania y una figura de gran relevancia dentro de la estructura militar del país. En la grabación, el individuo que se hacía pasar por el general emitía un mensaje dirigido a los soldados y oficiales ucranianos, afirmando que la situación militar en el frente favorecía claramente a Rusia y que la resistencia del ejército ucraniano carecía de sentido.
Además, en el vídeo se mencionaba la existencia de negociaciones con altos cargos militares rusos, concretamente con el ministro de Defensa Serguéi Shoigú y el jefe del Estado Mayor Valeri Guerásimov, con el objetivo de poner fin a la guerra: «Yo, el coronel general Oleksandr Skyrski, quiero decir la verdad (…) A los soldados y los oficiales: si los rusos ofrecen rendirse, rendíos. La palabra de un oficial ruso es fiable; son nuestro pueblo hermano». Este contenido comenzó a circular rápidamente en plataformas digitales y generó inquietud, lo que llevó a que se iniciaran verificaciones sobre su autenticidad.
Fue entonces cuando se demostró, a través de un análisis técnico, que el video era falso, ya que se identificaron elementos típicos de deepfake, práctica con la que se manipula contenido y se distorsionan realidades utilizando generalmente la IA. Estos elementos incluían en el video de Oleksandr Skyrski movimientos oculares poco naturales, así como anormalidades en el mentón, lo que llevó a la conclusión de que el contenido había sido realizado utilizando la Inteligencia Artificial y que, por tanto, era un video falso.
El vídeo manipulado trasciende el mero engaño técnico, para calificarse como una herramienta estratégica de guerra híbrida y por lo tanto un arma narrativa. La eficacia de esta maniobra reside en la suplantación de un “comunicador fidedigno” como el general Syrskyi, buscando que el mensaje emocional de rendición penetre con mayor fuerza en la moral de combatientes y civiles. Asimismo el empleo del arquetipo de los “pueblos hermanos” constituye una maniobra ideológica basada en el imperialismo soviético que niega la identidad nacional y la independencia ucraniana. En este contexto, el deepfake actúa como un mecanismo para justificar la ocupación, y reducir a Ucrania a una condición de dependencia histórica. En los escenarios bélicos actuales, la inteligencia artificial se instaura como un arma de disolución política que pretende desarticular la soberanía de los países. Es por ello por lo que no se persigue únicamente la victoria bélica sino la demolición total de la conciencia colectiva y la soberanía de las naciones.
La difusión del deepfake de Oleksandr Syrskyi demuestra que la desinformación es un instrumento de guerra. Suplantar voces legítimas para conseguir rendición afecta a la confianza pública y distorsiona la percepción del conflicto. Es una forma de manipulación informativa cuyo impacto es tan decisivo como el militar. Aprender a dudar y comprobar la información se vuelve esencial. Por ello, resulta imprescindible reforzar tanto los mecanismos de verificación informativa como la alfabetización mediática de la ciudadanía, ya que la capacidad de distinguir entre información veraz y manipulada se convierte en un elemento clave para la resistencia social. En definitiva, el caso analizado evidencia que la guerra contemporánea no solo se libra con armas, sino también con narrativas.