Samizdat: la respuesta ante la censura rusa del contenido de sus bibliotecas.

Aquello que entra en la categoría de “agentes extranjeros”, “propaganda de drogas” o no se alinea con los valores tradicionalmente rusos son objeto de purga por parte del Kremlin. Esta dinámica de censura literaria está propiciando el contrabando entre aquellos que se ven desposeídos de sus autores clásicos preferidos, e incluso de editoriales completas.

1. La articulación del miedo a través de la legislación

El 1 de marzo de 2026 el gobierno ruso puso en acción una ley que pretendía proteger al sector joven de la población de la llamada “propaganda de las drogas”. Esto se traduce en la etiquetación obligatoria de aquellos libros que puedan contener la aparición explícita de estupefacientes y sustancias similares, indiferentemente de su contexto puramente médico, histórico o literario. Tras la entrada en vigor de esta norma, bibliotecas, librerías y editoriales se han visto afectadas.

Tras la invasión de Ucrania (2022), el Kremlin ha desarrollado un triple mecanismo de filtración de contenidos:

Ley contra “valores no tradicionales” (ampliada en 2023): permite definir como “extremista” al movimiento LGBT+, aprobando una disposición que habilita la investigación de cualquier persona o entidad que lo ampare, incluyendo la publicación o reproducción de obras literarias con personajes homosexuales. La violación de dicha ley incluye sanciones penales.

Ley de “agentes extranjeros”: la participación de un “agente extranjero” en la redacción de cualquier obra (pudiendo actuar como autor, traductor, ilustrador o corrector) se traduce en la prohibición del mismo. A causa de ello, más de la mitad de libros de bibliotecas rusas pueden ser confiscados inminentemente.

Ley de “propaganda de drogas” (marzo de 2026): la ya mencionada ley exige la marcación obligatoria de libros que hagan referencia a sustancias ilícitas, independientemente del contexto y fin con el que aparezcan. Su incumplimiento puede castigarse con multas de gran cuantía y el cierre forzoso de negocios. 

No es censura ideológica: es terror administrativo. Cualquier editor sabe que, con estas tres leyes, prácticamente cualquier libro puede ser ilegal en algún momento.”

— Oleg Novikov, presidente del grupo editorial Eksmo-AST, citado por el New York Times.

La escritora rusa Liudmila Ulítskaya, desde su exilio: «En Rusia para sobrevivir hay que callar».

Fragmento de la entrevista a Liudmila Ulítskaya. LaSexta.

 2. Víctimas ilustres: de Pushkin a Stephen King

La contradicción más evidente son las nuevas leyes que no distinguen entre un manual de farmacología, una novela de Dostoievski (que menciona alcohol y opio en sus obras) o un cuento infantil ruso tradicional donde un personaje mágico fuma una pipa. 

El resultado es que afecta a todo tipo de contenido publicado, desde best sellers internacionales hasta autores contemporáneos disidentes.

Casos concretos documentados por el artículo del NYT (2026):

El primer caso es de Popcorn Books. Una editorial independiente especializada en literatura juvenil y LGTB. Fue allanada en 2025 y cerrada por “extremismo”. Sus directivos enfrentan penas de hasta 10 años de prisión. 

Seguimos con Eskmo: La mayor editorial rusa fue registrada en febrero de 2026. Los agentes confiscaron cientos de novelas de ciencia ficción por considerar que “normalizan” el consumo de sustancias.

Bibliotecas públicas de Moscú: Más de 200.000 volúmenes han sido retirados de las estanterías desde enero de 2026, incluyendo obras de Bulgákov (que describe morfina en Morfina), Mijaíl Shólojov (El Don apacible menciona alcohol) y hasta libros de texto de química.

Pero este nuevo tipo de censura ya no se limita solo a la literatura. El mecanismo de “agente extranjero” ha resultado aún más eficaz: en caso de que un traductor reciba financiación de una fundación occidental, su nombre se convierte ilegal en cualquier libro en el que haya trabajado. Como consecuencia, editoriales enteras han optado por retirar catálogos completos antes que arriesgarse a una inspección.

“Con las reglas actuales, cada dos libros en una biblioteca rusa podrían ser confiscados. No por lo que dicen, sino por quién participó en su creación.”

— Oleg Novikov, declaraciones recogidas en el reportaje del NYT.

3. El efecto dominó: autocensura y colapso editorial

Las consecuencias de estas políticas no se limitan a una prohibición puntual de algunos títulos, sino que ha generado un clima de incertidumbre en el sector. Este contexto ha derivado al fenómeno de la autocensura afectando a todos los actores de la cadena editorial.

En primer lugar, numerosas editoriales han rechazado manuscritos de libros que puedan contener términos que puedan ser considerados “propaganda”, incluso cuando no existe esa intención explícita por parte del autor. Esta práctica responde a una prevención para evitar sanciones legales o administrativas.

De forma paralela, los traductores se enfrentan también a una creciente presión profesional. Algunos han optado por firmar bajo seudónimo, mientras que otros han decidido abandonar la tradición de la literatura occidental, ante el riesgo de verse implicado en controversias políticas o legales.

Esta dinámica ya está afectando a autores consolidados, quienes en algunos casos han solicitado la eliminación de fragmentos de sus propias obras. El objetivo es evitar que esos fragmentos sean considerados como problemáticos en el contexto actual, lo que evidencia un desplazamiento de control de las instituciones hacia los propios creadores.

Así mismo, el papel de los bibliotecarios ha experimentado también una transformación significativa. Ante la ambigüedad de las normas y el temor a las acusaciones de “extremismo”, muchos profesionales han adoptado una actitud preventiva, retirando obras en circulación incluso antes de que exista una prohibición formal.

El impacto de esta situación también tiene consecuencias en el ámbito económico. El presidente del grupo editorial Eksmo-AST ha advertido que la industria del libro ha experimentado una caída de ingresos del 40% entre 2022 y 2025, y que podría enfrentarse a un colapso antes de 2027 si no se produce una revisión a la normativa vigente.

Finalmente, las repercusiones alcanzan al sistema educativo. La retirada o desautorización de varios autores han obligado a que se modifiquen los contenidos curriculares, afectando a los manuales de literatura en la educación secundaria. Esto no solo limita el acceso a determinadas obras, sino que también va a condicionar a la formación cultural de las nuevas generaciones.

4. Resistencia y memoria: el resurgir del samizdat 2.0.

De forma paradójica, la maquinaria prohibicionista está provocando el efecto opuesto: reactivar la antigua tradición soviética del samizdat (autoedición clandestina) y del tamizdat (entrada ilegal de libros desde el extranjero).

El artículo del New York Times señala un proyecto especialmente llamativo: el Proyecto Tamizdat en el Hunter College de Nueva York. Esta colección, creada durante la Guerra Fría, se dedicaba a reunir literatura rusa prohibida por el régimen soviético. En la actualidad, sus responsables deben incorporar también libros censurados por el gobierno de Putin. La continuidad histórica resulta inquietante.

Algunas formas de resistencia documentadas:

Bibliotecas digitales invisibles: colectivos de voluntarios digitalizan libros vetados y los comparten mediante canales de Telegram y redes descentralizadas.

Editoriales en el exilio: varias antiguas editoriales rusas han reabierto en Letonia, Georgia y Armenia, desde donde hacen llegar libros a Rusia como “material formativo” o “regalos culturales”.

Círculos de lectura clandestinos: en Moscú y San Petersburgo, pequeños grupos se reúnen en viviendas privadas para leer en voz alta obras prohibidas, recreando la atmósfera de los años 70.

“Mis abuelos me contaban cómo escondían libros de Solzhenitsyn bajo el colchón. Ahora yo guardo los libros de Ulítskaya en el maletero del coche. La diferencia es que ahora las consecuencias son más duras.”
— Testimonio recogido por el NYT, nombre omitido.

5. Valoración crítica: una purga con nombre de ley

Estas leyes muestran algo más que un simple refuerzo del control. En realidad, muestran un cambio profundo en la forma en que se hacen las cosas. La censura en Rusia ya no se centra en castigar a los que disienten abiertamente, sino que ahora busca castigar la memoria cultural y hacer que sea difícil que los editores y escritores puedan trabajar de manera normal.

Hay tres áreas que se utilizan para esto: la comunidad LGTB, los agentes extranjeros y las drogas. En realidad, estas áreas son sólo categorías morales diferentes para una misma estrategia. La idea es crear un clima de incertidumbre total. Los editores, bibliotecarios y profesores saben que cualquier libro puede ser considerado ilegal en cualquier momento, según la interpretación que se le dé. No se trata de eliminar libros específicos, sino de hacer que la producción cultural sea impredecible. La única opción segura es no publicar nada que no haya sido aprobado por el Kremlin.

Con el tiempo, el resultado es claro: Rusia está avanzando hacia una uniformidad en su canon literario. Solo se permitirán los libros que no incluyan traductores cuestionados, referencias a drogas o personajes que puedan ser considerados como portadores de “valores no tradicionales». En la práctica, solo quedará la literatura clásica depurada y la literatura oficial patriótica.

Es similar a lo que pasó en los últimos años de la era soviética. Sin embargo, hay una diferencia importante: en aquel entonces, la censura permitía cierto margen de negociación y toleraba la publicación de samizdat. Hoy en día, las penas de prisión largas, las sanciones económicas devastadoras y el sistema de vigilancia digital hacen que cualquier forma de resistencia sea mucho más arriesgada.

El 2 de marzo de 2026, un día después de entrar en vigor la ley de etiquetado por drogas, la Biblioteca Nacional de Rusia en Moscú amaneció con decenas de estanterías cubiertas con lonas. La dirección había decidido retirar preventivamente unos 50.000 volúmenes «para evitar problemas legales». Entre ellos, ediciones de Crimen y castigo (que menciona opio) y Ana Karenina (que describe el consumo de láudano).

Un visitante habitual, profesor de literatura de 67 años, comentó al periodista: «Cuando yo era joven, el Partido nos decía qué leer. Ahora el Estado nos dice qué no leer. El resultado es el mismo: silencio. Pero el silencio no educa; solo vacía.»

El Proyecto Tamizdat, en Nueva York, sigue sumando libros a su colección. En sus archivadores conviven ahora las obras prohibidas por Leónidas Brézhnev con las prohibidas por Vladímir Putin. La historia, como los libros censurados, siempre encuentra la manera de repetirse, y también de resistirse.

Bibliografía

1. New York Times (Español) – La biblioteca que alberga literatura prohibida por el Kremlin https://www.nytimes.com/es/2026/03/04/espanol/estados-unidos/libros-prohibidos-censura-rusia-putin.html 

2. Infobae / EFE – El 50% de colecciones de bibliotecas rusas están en peligro por ley de «agentes extranjeros»
https://www.infobae.com/america/agencias/2026/04/14/el-50-de-colecciones-de-bibliotecas-rusas-estan-en-peligro-por-ley-de-agentes-extranjeros/

3. U.S. News & World Report / Reuters – Russian Booksellers Face Legal Minefield Over New ‘Foreign Agent’ Rules (artículo de septiembre 2025, mismo marco legal)
https://www.usnews.com/news/world/articles/2025-09-12/russian-booksellers-face-legal-minefield-over-new-foreign-agent-rules

4. Al Jazeera (reemplaza al antiguo Diario D3 / Reuters) – Russian police raid book publisher accused of pushing ‘gay propaganda’
https://www.aljazeera.com/news/2026/4/21/russian-police-raid-book-publisher-accused-of-pushing-gay-propaganda

5. Daily Star / Reuters – Vladimir Putin targets children’s books in new ‘gay propaganda’ crackdown (27 de abril de 2026)
https://www.dailystar.co.uk/news/world-news/vladimir-putin-targets-childrens-books-34723512

6. Meduza – Vedomosti reports over 50% of Russia’s library holdings could be seized under literal reading of ‘foreign agent’ and ‘undesirable’ laws
https://meduza.io/en/news/2024/08/12/vedomosti-reports-over-50-of-russias-library-holdings-could-be-seized-under-literal-reading-of-foreign-agent-and-undesirable-laws

7. Bayerischer Rundfunk (BR) – Verleger warnt vor Putins Zensur: Jedes zweite Buch gefährdet (abril 2026)
https://www.br.de/nachrichten/kultur/verleger-warnt-vor-putins-zensur-jedes-zweite-buch,UkJ4s0Z

8. Novaya Gazeta Europe – Yet another Russian publishing house to face charges of promoting ‘LGBT propaganda’ (agosto 2025)
https://novayagazeta.eu/articles/2025/08/27/yet-another-russian-publishing-house-to-face-charges-of-promoting-lgbt-propaganda

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