Fronteras tecnológicas: ¿quién puede participar en la opinión pública global?

Un análisis comparativo de Marruecos, Turquía, Francia, Argentina, Venezuela e Irán revela que el acceso a internet y a las tecnologías digitales sigue marcando profundas desigualdades entre países.

En el grupo con mayor conectividad aparecen Francia y Marruecos, donde más del 90 % de la población utiliza internet. Turquía y Argentina también muestran altos niveles de integración digital, con cerca de nueve de cada diez habitantes conectados.

La situación cambia al observar Irán y Venezuela. En Irán, alrededor del 20 % de la población permanece desconectada, mientras que en Venezuela el acceso alcanza solo al 61,6 %, lo que la posiciona como el país con mayor rezago digital entre los casos analizados.

Las diferencias no responden únicamente a la infraestructura tecnológica. Factores políticos, económicos y regulatorios también influyen. En Venezuela, la crisis económica ha ralentizado el desarrollo digital. En Irán, las restricciones estatales sobre plataformas globales generan barreras adicionales para el acceso a la información y la integración en el ecosistema digital global.

Las brechas también se reflejan en el uso de inteligencia artificial. Países con mayor conectividad y menor nivel de restricciones muestran una adopción más rápida de estas tecnologías, mientras que otros enfrentan limitaciones por sanciones internacionales, menor infraestructura o dificultades de acceso.

El resultado es claro: las fronteras tecnológicas condicionan quién puede participar plenamente en el espacio digital global. Mientras que en algunos países las redes sociales amplifican rápidamente la difusión de información y la movilización social, en otros contextos el simple acceso a internet o la publicación de contenidos puede convertirse en una forma de resistencia.

En relación con nuestro proyecto «Voces que resisten» y nuestro análisis de los movimientos sociales, este estado de la cuestión de las fronteras tecnológicas en nuestro panel de países nos permite establecer un balance interesante. El análisis de las fronteras tecnológicas demuestra que la «resistencia» adopta formas muy diferentes según el país.

En países muy conectados como Francia, Turquía, Marruecos y Argentina, la infraestructura permite una rápida organización y una difusión masiva en plataformas de gran alcance como Facebook, YouTube o Instagram. Los movimientos sociales pueden apoyarse en la tecnología para captar la opinión pública internacional y difundir sus mensajes. Por el contrario, en países como Irán y Venezuela, la primera etapa de la resistencia es tecnológica. Los movimientos sociales de estos países se enfrentan a barreras de censura que les impiden influir e informar de manera equitativa a la opinión pública internacional y dar tanta publicidad a sus reivindicaciones como otros países. Para estas voces, intentar integrarse en Internet y utilizarlo a través de una VPN o eludiendo la censura del Estado para publicar un vídeo de una manifestación ya constituye un acto de resistencia.

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