INFORME DE VALORES DEL GRUPO DE PAÍSES DE REINO UNIDO, EE.UU., ESPAÑA, RUSIA, IRÁN, JORDANIA, PARTIR DE LA ENCUESTA MUNDIAL DE VALORES
DEL GRUPO DE PAÍSES: DIFERENCIAS Y SIMILITUDES
Al analizar de manera conjunta los seis países seleccionados ( Estados Unidos, Reino Unido, España, Rusia, Irán y Jordania) a partir de las cinco variables elegidas, se observa que el terrorismo no genera una reacción homogénea en las distintas sociedades. Por el contrario, cada país articula de forma diferente la relación entre seguridad, legitimidad institucional y percepción internacional, lo que permite identificar tanto similitudes como diferencias.
En cuanto a la disposición a luchar por el país se refiere, las diferencias son especialmente significativas. Jordania e Irán muestran los niveles más elevados de cohesión defensiva, lo que indica que en estos contextos la amenaza externa o el riesgo de inestabilidad regional refuerzan el sentimiento de defensa colectiva. Rusia se sitúa en una posición intermedia-alta, combinando un fuerte orgullo nacional con cierto margen de indecisión ciudadana. En cambio, las democracias occidentales presentan una mayor fragmentación. Estados Unidos mantiene una mayoría favorable a la defensa armada, aunque con un porcentaje relevante de rechazo que refleja desgaste tras años de intervención exterior. Reino Unido aparece dividido, mientras que España destaca por su bajo nivel de disposición a combatir, lo que puede vincularse a una cultura política menos militarizada y al impacto del 11-M y la retirada de Irak. Por tanto, el terrorismo no implica automáticamente una mayor predisposición bélica; su efecto depende del contexto histórico y político de cada país.

Por lo que respecta a la confianza en las fuerzas armadas, se aprecia una tendencia transversal: el ejército suele mantener mayor legitimidad que otras instituciones. Jordania y Estados Unidos presentan niveles muy elevados de confianza en su estamento militar, consolidándolo como pilar de estabilidad nacional. Reino Unido también mantiene una percepción positiva considerable. Rusia, por su parte, confirma un patrón interesante: el ejército es una de las instituciones más confiables del país, incluso cuando otras estructuras estatales generan desconfianza. España e Irán muestran mayor división interna, pero aun así el nivel de confianza en las fuerzas armadas supera en la mayoría de los casos al de otras instituciones civiles. En este sentido, frente al terrorismo, la ciudadanía tiende a depositar su confianza en los mecanismos de defensa antes que en los de deliberación política.
En relación con la confianza en el gobierno, el panorama resulta más complejo. Jordania vuelve a destacar por un alto nivel de legitimidad ejecutiva, lo que sugiere una asociación directa entre autoridad política y estabilidad. En contraste, Reino Unido y España muestran signos de desgaste institucional, con porcentajes elevados de desconfianza hacia el poder ejecutivo. Irán presenta un equilibrio inestable entre confianza y crítica, mientras que Rusia evidencia una brecha clara entre la alta legitimidad del ejército y una confianza más limitada en el gobierno como institución. Esto indica que, aunque la narrativa de seguridad fortalece la idea de Estado fuerte, no siempre se traduce en una confianza plena en la estructura gubernamental. En varios casos, el terrorismo convive con una ciudadanía crítica respecto a la gestión política.

En cuanto a la confianza en la prensa se refiere, podemos observar una de las similitudes más llamativas entre los países. Excepto en el caso de Jordania, donde la confianza es relativamente mayor, en el resto de países predomina la desconfianza hacia los medios de comunicación. Reino Unido y España muestran un deterioro importante en la legitimidad mediática, Estados Unidos también registra una caída significativa, mientras que Rusia e Irán presentan niveles elevados de escepticismo hacia la prensa, aunque por razones distintas, control estatal en un caso y restricciones estructurales en el otro. Este patrón resulta especialmente relevante si se considera que el terrorismo es un fenómeno profundamente mediado. Cuando la prensa pierde credibilidad, el debate público se fragmenta y las narrativas oficiales o polarizadas adquieren mayor peso.

Por lo que respecta a la confianza en Naciones Unidas, el multilateralismo no aparece como una solución ampliamente legitimada. Reino Unido, Rusia e Irán presentan niveles de confianza moderados o bajos hacia la organización. Jordania tampoco muestra un apoyo especialmente fuerte. España constituye la excepción relativa, con una mayor inclinación hacia la cooperación internacional, lo que refuerza su perfil menos intervencionista y más diplomático en este periodo. En términos generales, los datos sugieren que, frente al terrorismo, las sociedades tienden a confiar más en soluciones nacionales que en organismos multilaterales.
Si se observan todas las variables de manera integrada, pueden identificarse tres grandes patrones. Por un lado, un modelo de cohesión vertical fuerte, representado por Jordania, donde la disposición a luchar y la confianza en las instituciones de seguridad y gobierno son elevadas. Por otro lado, un modelo de militarización con desgaste civil, visible en Estados Unidos, Reino Unido y Rusia, donde el ejército mantiene alta legitimidad mientras la confianza en gobierno y prensa muestra fisuras. Finalmente, un modelo más pacifista y multilateral, representado por España, caracterizado por menor disposición a combatir y mayor apertura hacia soluciones internacionales.
En definitiva, el terrorismo no solo afecta al ámbito de la seguridad, sino que reconfigura la estructura de confianza social en cada país. Mientras algunas sociedades refuerzan la cohesión nacional y la legitimidad del poder ejecutivo, otras evidencian fragmentación y crisis de credibilidad institucional. La comparación demuestra que la percepción del terrorismo está profundamente condicionada por la cultura política, la experiencia histórica y el grado de confianza previa en las instituciones.
DEL GRUPO DE PAÍSES: CONCLUSIONES
A lo largo de este análisis, hemos podido comprobar que la denominada «Guerra contra el Terror» no impactó de la misma forma en todas las sociedades, sino que actuó de manera muy distinta según el contexto político de cada país. Una de las primeras realidades que saltan a la vista es que, en momentos de gran incertidumbre, la gente tiende a refugiarse en la seguridad que ofrecen las instituciones militares. Sin embargo, lo que resulta verdaderamente interesante es que este apoyo masivo al ejército no vino acompañado de una mayor confianza en los políticos o en los periodistas. Al contrario, en países como Estados Unidos o el Reino Unido, se produjo una especie de «voto de confianza» a ciegas hacia los militares mientras que la credibilidad del Gobierno y de la Prensa caía en picado. Esto nos sugiere que la ciudadanía confiaba en quienes ejecutaban la defensa, pero sospechaba seriamente de quienes daban las órdenes y de quienes contaban la historia.
Por otro lado, si miramos más allá del bloque anglosajón, nos encontramos con matices que enriquecen mucho el análisis. Por ejemplo, mientras que en lugares como Jordania el miedo al terrorismo sirvió para cerrar filas en torno al Estado y aumentar el orgullo nacional, en España ocurrió un fenómeno completamente opuesto. La sociedad española demostró una cultura política mucho más cautelosa y civilista, donde la respuesta a la violencia no fue pedir más armas, sino refugiarse en el multilateralismo y en el papel de instituciones como la ONU. Es decir, mientras unos países apostaban por el unilateralismo y la fuerza, España se mantenía como una excepción que prefería la diplomacia y el derecho internacional antes que la intervención militar directa.
Para terminar, no podemos ignorar el enorme desgaste que ha sufrido la legitimidad internacional. La desconfianza generalizada hacia las Naciones Unidas en casi todos los casos estudiados, salvo el español, nos indica que el sistema global de mediación salió muy debilitado de esta década de conflictos. Esto es lo que en nuestro trabajo hemos llamado el «efecto boomerang»: al debilitar las instituciones internacionales y la confianza en la verdad informativa, se ha acabado generando un entorno global mucho más inestable y escéptico. En conclusión, lo que los datos del World Values Survey nos enseñan es que la seguridad no es solo una cuestión de ejércitos fuertes; sin una base sólida de confianza en el gobierno y en la prensa, la percepción de inseguridad ciudadana no sólo no desaparece, sino que acaba cronificándose en la sociedad actual.