¿Cómo pueden las comunidades defender su territorio si ni siquiera tienen garantizado el acceso a internet?

Práctica II. Grupo 5

En América Latina, y particularmente en Colombia, la lucha ecologista no solo se enfrenta al extractivismo y a los intereses de grandes empresas, sino también a una barrera menos visible pero igual de determinante: la brecha digital. En un contexto donde gran parte de la movilización social, la denuncia pública y la articulación de redes se realiza a través de plataformas digitales, la falta de conectividad se convierte en una forma de exclusión que debilita la defensa ambiental.

Las desigualdades en el acceso a internet son especialmente profundas en las zonas rurales, muchas de ellas afectadas por proyectos mineros, energéticos o industriales. Estas regiones no solo padecen los impactos ambientales, sino que además cuentan con infraestructuras tecnológicas más precarias y menores niveles de alfabetización digital. Esto limita su capacidad para acceder a información sobre derechos, visibilizar conflictos socioambientales y coordinar acciones colectivas más allá del ámbito local.

La brecha digital, por tanto, no es solo una cuestión técnica: refleja y refuerza desigualdades históricas vinculadas al territorio, la clase social y la pertenencia étnica. Mientras los centros urbanos concentran conectividad y recursos, las periferias, muchas veces convertidas en zonas de sacrificio ambiental, permanecen desconectadas y con menor capacidad de incidencia.

Además, en la era de la información, no estar conectado implica quedar fuera de los debates públicos, de las campañas de sensibilización y de los espacios donde se construye opinión. Las comunidades que no pueden documentar y difundir lo que ocurre en sus territorios dependen de intermediarios para que sus voces sean escuchadas, lo que reduce su autonomía y su capacidad de influencia política.

“La exclusión de las redes es una de las formas más dañinas de exclusión en nuestra economía y en nuestra cultura.” (Manuel Castells)

Cerrar la brecha digital también significa fortalecer la educación tecnológica, garantizar infraestructuras adecuadas y promover políticas públicas que entiendan la conectividad como un derecho y no como un privilegio de mercado. Sin estas condiciones, la transición ecológica corre el riesgo de reproducir las mismas desigualdades que dice combatir.

Hablar de justicia ambiental implica, inevitablemente, hablar de justicia digital. Sin acceso equitativo a las tecnologías de la información, la participación ciudadana se ve limitada y el ecologismo pierde fuerza en aquellos territorios donde más se necesita. Democratizar la defensa del territorio pasa también por democratizar el acceso a la tecnología.

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