Introducción
El propósito fundamental de esta publicación es analizar y contrastar diversas percepciones sociales, valores y actitudes ciudadanas en distintos contextos geográficos y culturales, concretamente en los países de Canadá, España, Egipto, Suecia, Uruguay y Hong Kong SAR.
El estudio se ha basado en fuentes de datos secundarios procedentes de encuestas internacionales de valores como la European Values Study y ciclos recientes de encuestas de valores mundiales.
El análisis está articulado y estructurado mediante cinco variables específicas extraídas de las fuentes de datos que permiten evaluar correctamente dimensiones críticas de la convivencia y la igualdad, elegidas en base a nuestro proyecto «Dignidad sin Fronteras».
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- Q12- Important child qualities: tolerance and respect for other people
- Q21- Neighbors: Immigrants/foreign workers
- Q33- Jobs scarce: Men should have more right to a job than a women
- Q34- Jobs Scarce: Employers should give priority to (nation) people than inmigrants
- Q63- Trust: People of another nationality
Hong Kong

A partir del análisis realizado, se puede afirmar que Hong Kong tiene una cultura profundamente orientada a la educación y responsabilidad. En términos generales, la dignidad humana en Hong Kong, es compleja. Es una sociedad consciente de los cambios políticos y los cambios que influyen en su presente y futuro. La cuestión migratoria e igualdad de derechos, se regula de forma selectiva en el país, pero persisten desigualdades laborales y sociales en la práctica.
España
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España según el INE es el tercer país de la UE que más población extranjera recibe y aún así según el Real Instituto ElCano tiene menor rechazo a la inmigracion que otros países europeos. Esta información la podemos contrastar con las variables que hemos escogido. Predominan los valores de la tolerancia y el respeto (82’3%), España siempre ha sido una sociedad plural en la que convive una gran diversidad. Solo un bloque minoritario rechaza al vecino exranjero, aunque esa minoría crece si ven amenazada su estabilidad laboral o seguridad, y la minoría se vuelve aún mayor cuando hablamos de confianza en el extranjero. Es evidente entonces que existe una brecha entre los valores inculcados y la real sensación y actitud hacia esa gran parte de la población que es extranjera. El caso se repite cuando hablamos de mujeres en el ámbito laboral. Cuando hay competencia o percepción de amenaza el rechazo aumenta, y aunque aún es minoritario, es una tendencia al alza.
Suecia
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En el conjunto de todas las variables, Suecia se muestra como un país abierto, igualitario e inclusivo. Existe un consenso (92,4%) en cuanto a la importancia de inculcar la tolerancia y el respeto a los niños, lo que refleja que estos valores están interiorizados en su cultura. Además, la convivencia con personas extranjeras no se percibe como un problema para la inmensa mayoría (95,3%), lo que muestra que hay una alta aceptación de la diversidad. En cuanto a la igualdad de género en el ámbito laboral, existe un gran rechazo hacia la idea de que los hombres deben tener más derecho al empleo que las mujeres. Por otro lado, también existe un rechazo en la mayoría en priorizar a los nacionales frente a los inmigrantes en el acceso al empleo, lo que refleja que Suecia está comprometida con la igualdad de oportunidades y la no discriminación. Por último, los niveles de confianza hacia personas de otra nacionalidad son altos. Por lo que Suecia es un país con valores muy asentados de tolerancia, igualdad, educación, confianza.
Egipto

Tras analizar las diferentes variables, se puede concluir que Egipto es un país mucho más atrasado que otros en cuanto a valores, derechos, y la opinión pública del país sobre ellos.
A pesar de que en la primera variable se mostraba como algo importante la enseñanza de tolerancia y respeto a los niños, este dato se va desmontando a medida que se va matizando en qué consiste esa tolerancia y respeto con las posteriores variables.
Hay una opinión pública que se muestra considerablemente en contra de la inmigración que se recibe y de los derechos de estas personas, así como de avances relativos a la igualdad de la mujer.
Canadá

En base a los datos analizados, podemos concluir que Canadá tiene una sociedad basada en valores liberales, democráticos y de cohesión social. Valores como la igualdad de género son imprescindibles al igual que el respeto y la tolerancia hacia personas de otras nacionalidades o inmigrantes.
Por otro lado, aunque la sociedad canadiense es una sociedad abierta, se encuentra cautelosa y dividida cuando entra en juego la escasez de empleo. Aquí surge una tensión y discrepancias entre la acogida de extranjeros y el instinto de protección del trabajador nacional.
En definitiva, la opinión pública de los canadienses se basa en la tolerancia, la igualdad de género y la confianza hacia diferentes culturas.
Uruguay
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A lo largo de las distintas variables analizadas, en síntesis, podemos hablar de Uruguay y su población como una sociedad con sólidos valores igualitarios en el plano normativo, pero con matices importantes cuando se profundiza en la confianza cercana entre personas y la competencia por recursos, como por ejemplo el empleo. En educación infantil, destaca por priorizar la tolerancia y el respeto, ubicándose entre los países con mayor conciencia formativa en valores e igualdad. La aceptación de inmigrantes como vecinos es casi unánime con un alto porcentaje, lo que habla de una convivencia cotidiana abierta y sin prejuicios explícitos. Sin embargo, esta apertura observada anteriormente se debilita cuando se profundiza en la confianza hacia personas de otra nacionalidad. Esta tensión se hace aún más notable en el ámbito laboral, donde casi seis de cada diez encuestados apoyan priorizar a nacionales uruguayos sobre inmigrantes si escasea el empleo, revelando que la solidaridad tiene límites cuando se percibe una amenaza económica. En contraste, la igualdad de género en el trabajo es una base ética sólida, con más de ocho de cada diez encuestados rechazando cualquier discriminación.
Para finalizar, Uruguay aparece como un país que defiende y valora la diversidad en principio, pero que aún arrastra ciertos prejuicios cuando lo diferente se vuelve más cercano o compite por lo escaso y vital. Una sociedad que camina hacia la inclusión, pero con pasos aún desiguales
Conclusión global
El análisis integral de las 10.700 personas encuestadas en este estudio nos revela una humanidad que a pesar de que abraza mayoritariamente la tolerancia y el respeto como ideales educativos fundamentales, se muestra profundamente fracturada y reservada ante los desafíos de la convivencia real y la seguridad económica. A través de los datos, se observa un notable contraste respecto a la competencia por recursos vitales. Mientras que la aceptación del «otro» como vecino está normalizada en gran parte de las sociedades analizadas, este espíritu de apertura se debilita drásticamente cuando surge la competencia por recursos como el empleo, donde el 52,8% de la muestra global tiende hacia un proteccionismo nacionalista. Esta tensión entre los valores éticos enseñados y las actitudes prácticas ante las diferentes nacionalidades presentes en la población, se manifiesta también en una marcada polarización respecto a la igualdad de género y la confianza más cercana entre personas. Esta dualidad la podemos ver reflejada en sociedades como las de Suecia o Canadá que caminan hacia modelos cosmopolitas, frente a otras como Egipto, que mantienen estructuras tradicionalistas ante el cambio social.
En definitiva, el estudio finaliza con que la construcción de una estructura social inclusiva no es un consenso global que ya haya acabado, sino un proceso frágil en el que la necesidad humana de solidaridad universal se encuentra en constante lucha con el instinto de protección de la propiedad y recursos vitales y las arraigadas barreras cultural